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sábado, 23 de abril de 2011

La Sylphide

La Sylphide es uno de los ballets más importantes del siglo XIX, con coreografía de Filippo Taglioni quien creó la obra en función de las cualidades de su hija, la célebre bailarina Marie Taglioni. 

Se estrenó en 1832 en la Ópera de París. La música fué creada por Herman Lovenskjold y el argumento creación de Adolphe Nourrit.
 Con esta obra se creó una antológica idealización del ballet romántico: la etérea Sylphide, símbolo, además, del amor inalcanzable. En 1836 August Bournonville creó una nueva coreografía para el Teatro Real de Copenhague, con las interpretaciones de Lucile Grahn y del propio coreógrafo."La sílfide y el escocés" es una obra que se encuentra en el repertorio de las mejores compañías del mundo.

Ballet en dos actos.

Argumento

James un joven escocés, se encuentra comprometido en matrimonio con una joven llamada Effie. Una noche James reposa en su casa y por la gran ventana entra una Sylphide, una criatura etérea, de gran belleza e invisible, que se enamora de el. Ella se torna visible para el joven,  y este corresponde al amor de la bella Sílfide, dejando así a su prometida. Decide de esta manera fugarse con su amada. James que es un mortal, sabe que ella no es mortal y decide visitar a una bruja llamada Madge.  La bruja, enamorada del escocés le declara su amor, pero este la rechaza. Ella al ver el padecimiento y sufrimiento de James, le ofrece un chal que posee una poción mágica que debe ser llevado por la Sílfide. Magde le augura  de esta manera, que la poción hará que sus alas caigan y así ya no podar volar y de esta manera ella estará para siempre con el. James vuelve al bosque y la reencuentra junto a sus amigas,  cuando le da de beber la poción encantada esta cae muerta en sus brazos y él queda solo con su dolor.

Ballet romántico



El ballet romántico aparece a principios del siglo XIX sustituyendo al ballet de acción del que Jean-Georges Noverre fue el gran teórico. El período del ballet romántico duró unos treinta años; de 1815 a 1845-1850.
Una era nueva comienza y la danza no se queda al margen: todos los artistas sueñan con un arte revolucionario que aleje los demonios del Antiguo Régimen, con un nuevo aire, lírico, exótico, mágico, sensual.
Charles Didelot (Un discípulo de Noverre), de paso por París en 1815, representó Flore et Zéphire en la Ópera de París, en esta obra los bailarines flotaban sobre el escenario, estando suspendidos por hilos de acero. Fue un descubrimiento para el público que, por primera vez, contemplaba una danza aérea, etérea, un verdadero espectáculo.
El ballet romántico abandonó, progresivamente, los mitos de la Grecia antigua para basarse en la Mitología nórdica poblada de elfos hadas y trolls. Es el reinado de la bailarina, pálida y etérea, encarnando la nostalgia y la melancolía, vestida con vaporosas muselinas y coronada de flores del campo. El bailarín queda en Francia reducido a su cometido de porteur (portador) poniendo de relieve la gracia a la delicadeza de su pareja.
El primer gran ballet romántico fue La Sílfide, estrenada en la Ópera de París el 12 de marzo de 1832 por Filippo Taglioni y representada por su hija Marie. Es la apoteosis del ballet blanco, que triunfará durante treinta años. Este ballet, el ballet blanco todavía perdura en nuestros tiempos, por ejemplo con el ballet de El lago de los cisnes.